EL PRINCIPE DE LAS PALOMAS
El fantasma de un niño rubio y de ojos azules aparece en las madrugadas cargando migas de pan en sus manos para alimentar las palomas, que podrían ser las mismas que el niño alimentaba cuando vivía, hace 300 años . La leyenda cuenta que este infante, quien sufría de retardo mental, se creía el príncipe de las palomas, las alimentaba diariamente y no permitía que nadie les hiciera daño. Aún ahora, cuentan los vecinos de la plazoleta, que cualquiera que moleste a las palomas les tire piedras o sea cruel con ellas" pasa muy mala noche", pues el fantasma del príncipe del Palomar no los deja dormir.
Fuente: El espectador
EL ESPELUCO DE LAS AGUAS
En el sitio donde hoy día es la plaza de La Pola, existió en tiempos remotos una calleja tortuosa -limitada hacia el oriente por la accidentada loma. y a otro extremo por el río que su corriente sinuosa arrastraba por las piedras entre tumbos y cabriolas.
Junto a la limpia corriente, en la plazoleta oblonga, la capilla de Las Aguas lucía su espadaña airosa, y dentro la Santa Virgen, de esos lugares patrona, recibía perennemente de devotos y devotas, plegarias, ofrecimientos, peticiones y limosnas. Y todas las buenas gentes que allí llegaban
piadosas, juzgaban la santa imagen como la expresión simbólica de la celestial belleza de la perfección mas honda. Para ellos nada mas bello que la Divina Patrona.
En el extremo más bajo de la calleja tortuosa habla una alegre casita llena de flores y aromas, donde habitaba una joven extremadamente hermosa. sus ojos como dos túneles, profundizaban la sombra; su tez de raso fingía duraznos de California; granizo y grana fundidos eran su incitante boca; la arterial presión subía al presentirse sus formas, pues su cuerpo era, el de Eva antes de comer la poma. Incontables atractivos adornaban su persona mas de todos los encantos de esa niña arrobadora, ninguno como el prodigio de su cabellera blonda, que, cual un Sol hecho hilos, le daba .la expresión de gloria. La cabellera en su rostro era cual una custodia enmarcando su semblante, que tenía blancor de hostia, como el “oro derretido de la bella pecadora” de que nos habla Valencia incomparable estrofa.
Los cabellos de la joven eran, al decir de crónicas, una octava maravilla de esas épocas remotas en que no se conocían, cual se conocen ahora, las aguas oxigenadas, las modernas rizadoras, las eléctricas maniobras, la ondulación permanente y tantas artes y cosas que hacen las cabelleras de nuestras lindas señoras caracotos de oro, hilvanamientos de gloria, rizadas colas de ardita y vellocinos de aurora. Los cabellos la joven fueron, sin duda, hora la admiración de los unos y la envidia de las otras...
La muchacha recibía parabién a todas horas por su gracia, su hermosura su cabellera blonda, y tenía de admiradores una renovada tropa; y a fuerza de oírse llamar en todo momento hermosa y de escuchar por doquiera elogios a su persona, se convirtió en intratable y atrozmente vanidosa y embebida ante el espejo solía pasarse las horas.
Un día de su cumpleaños, los parientes de la hermosa resolvieron convidar a distinguidas personas para que, todos reunidos, tomaran “onces sabrosas. Acudió un selecto grupo de galanes y señoras que a la joven presentaron cumplidos y ceremonias.
Después de charlas amenas sobre ecos de la parroquia, aventuras del virrey cuentos de novios y novias, críticas a las amigas y. otras incontables cosas, tomaron el chocolate espeso y lleno de aroma, con rebanadas de queso, bizcochuelo de las monjas, molletes azucarados, almojabanas de Bosa y tembladora natilla entre melado de Moras...
Alguno de los presentes, con admiración recóndita, por costumbre inveterada hizo alusión a la blonda cabellera de la joven con palabras delisonja. Entonces la señorita, Para que la oyera todas, henchida de vanidad, dijo mirado a las otra, mientras se alzaba el cabello con las dos manos marmóreas: No lo tiene más hermoso la Virgen de la parroquia….
Fue decir esto y un trueno repercutió con voz sorda, se oscureció el firmamento, se llenó la casa toda de olor a azufre quemado y la joven vanidosa vio trocarse sus cabellos en haces de serpientes hoscas que, cual surtidor viviente, se apretujaban hediondas…
De la cabeza brotaban víboras y “pudridoras”, “equis”, “tayas”, cascabeles, “toches”, corales y cobras, agresivas y movibles, trazando en el aire roscas... Y la muchacha, lanzando expresiones pavorosas, abandonada de todos, pues la gente escapó, inútilmente pedía a, gritos misericordia.
Apareció .el Diablo, entonces, con largos cuernos y cola hábitos de dominico... y aprisionando a la hermosa se la llevó por los aires a la región de las sombras.
Un artista de ese tiempo pintó la escena diabólica en un cuadro que en la iglesia de Las Aguas miró toda la gente de la ciudad, tímida y supersticiosa. Y refieren que un inglés que estuvo a mirar la obra, al sacristán pidió datos: sobre esa tétrica historia que el hijo de Albión juzgaba de autenticidad dudosa.
Y cuentan que el sacristán dijo en frase salomónica: “Quizá se haya exagerado en lo del olor a pólvora, en el terror de la gente y en algunas otras cosas: pero juzgo verdadero lo del fraile pues me costa que en asuntos de mujeres, y mas si ellas son hermosas, hasta los santos se vuelven el diablo a cualquier hora.
Junto a la limpia corriente, en la plazoleta oblonga, la capilla de Las Aguas lucía su espadaña airosa, y dentro la Santa Virgen, de esos lugares patrona, recibía perennemente de devotos y devotas, plegarias, ofrecimientos, peticiones y limosnas. Y todas las buenas gentes que allí llegaban
piadosas, juzgaban la santa imagen como la expresión simbólica de la celestial belleza de la perfección mas honda. Para ellos nada mas bello que la Divina Patrona.
En el extremo más bajo de la calleja tortuosa habla una alegre casita llena de flores y aromas, donde habitaba una joven extremadamente hermosa. sus ojos como dos túneles, profundizaban la sombra; su tez de raso fingía duraznos de California; granizo y grana fundidos eran su incitante boca; la arterial presión subía al presentirse sus formas, pues su cuerpo era, el de Eva antes de comer la poma. Incontables atractivos adornaban su persona mas de todos los encantos de esa niña arrobadora, ninguno como el prodigio de su cabellera blonda, que, cual un Sol hecho hilos, le daba .la expresión de gloria. La cabellera en su rostro era cual una custodia enmarcando su semblante, que tenía blancor de hostia, como el “oro derretido de la bella pecadora” de que nos habla Valencia incomparable estrofa.
Los cabellos de la joven eran, al decir de crónicas, una octava maravilla de esas épocas remotas en que no se conocían, cual se conocen ahora, las aguas oxigenadas, las modernas rizadoras, las eléctricas maniobras, la ondulación permanente y tantas artes y cosas que hacen las cabelleras de nuestras lindas señoras caracotos de oro, hilvanamientos de gloria, rizadas colas de ardita y vellocinos de aurora. Los cabellos la joven fueron, sin duda, hora la admiración de los unos y la envidia de las otras...
La muchacha recibía parabién a todas horas por su gracia, su hermosura su cabellera blonda, y tenía de admiradores una renovada tropa; y a fuerza de oírse llamar en todo momento hermosa y de escuchar por doquiera elogios a su persona, se convirtió en intratable y atrozmente vanidosa y embebida ante el espejo solía pasarse las horas.
Un día de su cumpleaños, los parientes de la hermosa resolvieron convidar a distinguidas personas para que, todos reunidos, tomaran “onces sabrosas. Acudió un selecto grupo de galanes y señoras que a la joven presentaron cumplidos y ceremonias.
Después de charlas amenas sobre ecos de la parroquia, aventuras del virrey cuentos de novios y novias, críticas a las amigas y. otras incontables cosas, tomaron el chocolate espeso y lleno de aroma, con rebanadas de queso, bizcochuelo de las monjas, molletes azucarados, almojabanas de Bosa y tembladora natilla entre melado de Moras...
Alguno de los presentes, con admiración recóndita, por costumbre inveterada hizo alusión a la blonda cabellera de la joven con palabras delisonja. Entonces la señorita, Para que la oyera todas, henchida de vanidad, dijo mirado a las otra, mientras se alzaba el cabello con las dos manos marmóreas: No lo tiene más hermoso la Virgen de la parroquia….
Fue decir esto y un trueno repercutió con voz sorda, se oscureció el firmamento, se llenó la casa toda de olor a azufre quemado y la joven vanidosa vio trocarse sus cabellos en haces de serpientes hoscas que, cual surtidor viviente, se apretujaban hediondas…
De la cabeza brotaban víboras y “pudridoras”, “equis”, “tayas”, cascabeles, “toches”, corales y cobras, agresivas y movibles, trazando en el aire roscas... Y la muchacha, lanzando expresiones pavorosas, abandonada de todos, pues la gente escapó, inútilmente pedía a, gritos misericordia.
Apareció .el Diablo, entonces, con largos cuernos y cola hábitos de dominico... y aprisionando a la hermosa se la llevó por los aires a la región de las sombras.
Un artista de ese tiempo pintó la escena diabólica en un cuadro que en la iglesia de Las Aguas miró toda la gente de la ciudad, tímida y supersticiosa. Y refieren que un inglés que estuvo a mirar la obra, al sacristán pidió datos: sobre esa tétrica historia que el hijo de Albión juzgaba de autenticidad dudosa.
Y cuentan que el sacristán dijo en frase salomónica: “Quizá se haya exagerado en lo del olor a pólvora, en el terror de la gente y en algunas otras cosas: pero juzgo verdadero lo del fraile pues me costa que en asuntos de mujeres, y mas si ellas son hermosas, hasta los santos se vuelven el diablo a cualquier hora.
Fuente: BAYONA Posada Jorge, Los fantasmas de Santafé
Cura sin cabeza
Algunas versiones de la leyenda del sacerdote sin cabeza coinciden en que el personaje se trataba de un cura católico cuyo comportamiento no era el adecuado para una persona de su investidura, quien, como castigo por sus actos, fue decapitado, o bien, se trataba de un sacerdote que fue injustamente decapitado por sus enemigos, tras lo cual su fantasma se aparece deambulando por las noches, ya sea por las calles, iglesias y otros recintos religiosos del centro histórico bogotano, buscando desolado su cabeza, espantando a los pecadores, o como mudo testigo que reclama justicia por su muerte.
LEYENDAS URBANAS DE LA CANDELARIA EN LA UNIVERSIDAD DEL ROSARIO
Foto: Carlos Hernando Posada, el espectador, 2014
La candelaria al igual que el claustro, es un lugar con una impresionante riqueza cultural, arquitectonica e histórica.
Pero existen algunos lugares que sólo están allí para que valientes se enfrenten a ellos.
Para que sólo quienes estén dispuestos a enfrentar a personajes como la mula herrada, el cura sin cabeza, el duende de la casaca verde y el espeluco de las aguas, deben recorrer.
ARCHIVO HISTORICO
Aquí reposan todos los documentos que tienen que ver con la universidad del Rosario además de unos referentes al pasado nacional.
"El archivo Histórico de la Universidad del Rosario, conserva 31 cédulas reales entre una extensa colección de documentos manuscritos originales, los cuales conciernen la historia del Colegio Mayor entre los siglos XVII y XX.
También custodia la biblioteca antigua del Rosario conformada por cerca 8000 volúmenes, al igual que una fototeca con más de 1600 imágenes históricas del claustro y sus alrededores."
LA CAPILLA DE LA BORDADITA
La capilla de la Bordadita deriva su nombre de la designación que para el siglo XVII se hace de la virgen de nuestra señora del Rosario. Este es uno de los lugares mejor conservados arquitectónicamente desde su construcción. Aquí reposan varios retratos y monumentos fúnebres por ejemplo la tumba del fundador Fray Cristobal De Torres, la del colegial y catedrático José Celestino Mutis y la del rector Rafael María Carrasquilla
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