El fantasma de un niño rubio y de ojos azules aparece en las madrugadas cargando migas de pan en sus manos para alimentar las palomas, que podrían ser las mismas que el niño alimentaba cuando vivía, hace 300 años . La leyenda cuenta que este infante, quien sufría de retardo mental, se creía el príncipe de las palomas, las alimentaba diariamente y no permitía que nadie les hiciera daño. Aún ahora, cuentan los vecinos de la plazoleta, que cualquiera que moleste a las palomas les tire piedras o sea cruel con ellas" pasa muy mala noche", pues el fantasma del príncipe del Palomar no los deja dormir.
Fuente: El espectador

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